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Las visitas de Olivos

hace 4 minutos
5 min de lectura


Los registros de ingresos a la residencia presidencial muestran algo más que los largos períodos en los que Javier Milei no recibió a nadie. Entre economistas, escritores y conocidos aparecen empresarios y personas vinculadas con compañías que tienen intereses concretos frente al Estado. Una visita no demuestra un negocio. Pero algunas fechas merecen ser puestas una al lado de la otra.


Durante agosto hubo días en que la puerta de Olivos no se abrió para nadie.

El dato llamó la atención porque el hombre que estaba del otro lado era el Presidente de la Nación.

Javier Milei atravesó durante ese mes largos períodos sin actividad pública informada y los registros entregados por Casa Militar muestran también jornadas sin visitantes. En el relevamiento de julio y agosto, el Presidente recibió invitados en 33 de los 62 días; descontados cuatro días correspondientes a viajes oficiales, permaneció sin visitas registradas en 25 de los 58 restantes.

La primera tentación consiste en contar los días.

Quizás convenga contar los nombres.

Porque por la residencia presidencial pasan amigos, economistas, escritores, funcionarios y compañeros de las veladas de ópera. Pero también pasan personas relacionadas con empresas que tienen intereses económicos sujetos a decisiones del Estado.

Y entonces la pregunta cambia.

No es solamente quién visita al Presidente.

Es qué ocurre alrededor de algunas de esas visitas.


Un hombre llamado Daddario

El 11 de agosto, a las 20.42, ingresó a la Quinta de Olivos Germán Daddario. Permaneció allí hasta las 22.47.

Más de dos horas.

Daddario no es ministro, diputado ni gobernador. Su trayectoria laboral está vinculada con Corporación América y con Aeropuertos Argentina, la empresa perteneciente al grupo controlado por la familia Eurnekian. Tampoco era la primera vez que visitaba a Milei.

El dato podría terminar ahí.

No termina.

Porque mientras Daddario visitaba Olivos, el Estado argentino y Aeropuertos Argentina se encontraban en un proceso de enorme importancia económica: la renegociación del contrato de concesión del Grupo A del Sistema Nacional de Aeropuertos.

No se trataba de un contrato menor.

Se estaba discutiendo durante cuánto tiempo una empresa privada continuaría administrando buena parte de los principales aeropuertos del país, qué inversiones realizaría, qué rentabilidad se reconocería y bajo qué condiciones continuaría una concesión que involucra infraestructura pública estratégica.

Veintiún días después de aquella visita, el 1° de septiembre, Aeropuertos Argentina y el organismo regulador firmaron el Acta Acuerdo de Readecuación Contractual.

El acuerdo fue aprobado por el Gobierno el 28 de septiembre.

La concesión, cuyo vencimiento estaba previsto para 2038, fue extendida hasta 2049 y contempla la posibilidad de llegar hasta 2056 si se cumplen determinadas condiciones, entre ellas la acreditación y ejecución de inversiones adicionales por 600 millones de dólares.

Entre una cosa y la otra hay cuarenta y ocho días.

Eso no demuestra que en Olivos se haya negociado el contrato.

Demuestra algo diferente: que una persona con antecedentes laborales vinculados al grupo empresario visitó al Presidente mientras una negociación de enorme valor para ese grupo estaba en marcha.

La diferencia es importante.

También lo es lo que ocurrió después.


Decoro y delicadeza

Javier Milei trabajó durante aproximadamente dos décadas para Corporación América, el grupo de Eduardo Eurnekian.

Ese vínculo no es una interpretación periodística.

Lo reconoció el propio Presidente.

El 28 de septiembre, mediante el Decreto 1074/2026, Milei resolvió apartarse formalmente de todos los trámites relacionados con Aeropuertos Argentina 2000, su grupo controlante, sus accionistas y sociedades vinculadas.

La explicación quedó escrita en el Boletín Oficial.

El Presidente mencionó su anterior vínculo profesional con Corporación América y sostuvo que correspondía abstenerse de intervenir por razones de “decoro y delicadeza”, para preservar la confianza pública en la imparcialidad de la administración. La competencia para concluir el procedimiento quedó en manos del jefe de Gabinete.

El documento es extraordinario por lo que reconoce.

No prueba que Milei haya intervenido indebidamente en la negociación.

Reconoce que la relación anterior era suficientemente relevante como para que el propio Presidente considerara necesario apartarse formalmente del expediente.

Un mes y medio antes, Germán Daddario había estado dos horas y cinco minutos en Olivos.

El registro informa que entró.

No informa de qué hablaron.


Elsztain

Hay otro nombre.

Eduardo Elsztain ingresó a Olivos el domingo 23 de agosto a las 19.25 y salió a las 20.36.

No permaneció durante toda la habitual reunión nocturna de ópera. Según los registros relevados por elDiarioAR, se trató de su primera visita registrada en 2026, aunque el entorno del empresario sostuvo que había existido otra durante el año anterior.

Elsztain tampoco es un empresario cualquiera.

Preside IRSA y Cresud. Sus compañías participan de negocios inmobiliarios, centros comerciales, producción agropecuaria y minería. El vínculo personal con Milei precede a la Presidencia: durante la campaña de 2023, el entonces candidato instaló durante meses su base en el Hotel Libertador, perteneciente a IRSA.

Cuando Elsztain entró a Olivos también tenía intereses sujetos a decisiones regulatorias.

Semanas antes, una resolución del organismo regulador energético había rechazado planteos realizados por Golden Mining y Casposo Argentina, compañías vinculadas con Elsztain, contra obras eléctricas destinadas al proyecto minero Vicuña en San Juan.


No existe en los registros públicos consultados evidencia que permita afirmar que Elsztain fue a Olivos para hablar de minería, energía, inmuebles o alguna decisión estatal específica.

Existe la visita.

Existen los intereses.

Y existe la ausencia de información pública sobre el contenido de la conversación.

Las tres cosas pueden escribirse sin convertir una sospecha en un hecho.


La agenda que no es agenda

Hay una dificultad adicional.

Los registros de ingreso de Casa Militar permiten saber quién cruzó la puerta, a qué hora entró y cuándo salió. No necesariamente explican el motivo del encuentro.

El Estado posee, por otra parte, un Registro Único de Audiencias de Gestión de Intereses destinado precisamente a transparentar reuniones en las que particulares procuran influir sobre decisiones públicas. La propia administración ha distinguido históricamente ese registro de los simples ingresos a la residencia presidencial.


Porque si un amigo va a escuchar ópera con el Presidente, probablemente alcance con saber que entró.

Si un empresario conversa con el Presidente mientras su compañía mantiene una negociación, una concesión, un reclamo o una regulación pendiente frente al Estado, saber que entró ya no alcanza.

Importa saber para qué.


Las puertas de Olivos

La Quinta Presidencial tiene una particularidad.

Es una casa.

Y es el lugar donde vive el Presidente.

Pero sigue siendo una residencia del Estado.

Esa doble condición vuelve borrosa la frontera entre una cena privada y una reunión política, entre un amigo y un empresario, entre una conversación personal y una gestión de intereses.

Por eso los registros importan.

No porque cada nombre esconda necesariamente un negocio.

Precisamente porque no lo sabemos.

En agosto hubo jornadas enteras sin ministros, gobernadores o dirigentes políticos registrados en Olivos. Hubo noches de ópera, escritores, economistas y conocidos del Presidente. Y hubo también hombres relacionados con empresas que tienen asuntos de millones de dólares frente al Estado.

El caso de Aeropuertos Argentina ofrece una secuencia que merece ser conservada.

11 de agosto: Daddario entra a Olivos.

1° de septiembre: Aeropuertos Argentina y el organismo regulador firman la readecuación contractual.

28 de septiembre: el Gobierno aprueba el acuerdo que extiende la concesión hasta 2049, con posibilidad de prolongarla hasta 2056.

Ese mismo día, Javier Milei firma un decreto apartándose del expediente por su relación previa con Corporación América.

Son hechos.

Entre ellos queda una pregunta que los registros de visitas no pueden contestar.

¿Qué se habló durante aquellas dos horas en Olivos?

No sabemos.

Y justamente por eso sería importante saberlo.

 
 
 

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