Perón: el hombre que cambió el destino de los trabajadores

131 años del nacimiento de Juan Domingo Perón
El 8 de octubre de 1895 nacía en Lobos, provincia de Buenos Aires, Juan Domingo Perón. Nadie podía imaginar entonces que aquel niño, criado entre el campo bonaerense y los paisajes de la Patagonia, terminaría protagonizando una de las transformaciones políticas y sociales más profundas de la Argentina contemporánea. Tres veces presidente, derrocado, perseguido y proscripto durante dieciocho años, su nombre atravesó generaciones y dividió las aguas de la historia nacional. Pero hubo algo que ni sus adversarios pudieron conseguir: que los trabajadores dejaran de pronunciarlo.
La historia comenzó en una casa de Lobos, cuando el siglo XIX estaba llegando a su fin y la Argentina se presentaba ante el mundo como una nación próspera. Era una prosperidad desigual, construida alrededor de las exportaciones agropecuarias, las grandes propiedades rurales y una organización social en la que buena parte de los trabajadores carecía de las protecciones que hoy consideramos elementales.
Juan Domingo Perón nació el 8 de octubre de 1895. Fue hijo de Mario Tomás Perón y Juana Salvadora Sosa. Pasó parte de su infancia en la Patagonia, donde su familia se había trasladado buscando mejores oportunidades. Aquellos años transcurrieron entre las extensiones del sur, las dificultades de la vida rural y el contacto con hombres acostumbrados a trabajar bajo condiciones exigentes.
En 1911 ingresó al Colegio Militar y dos años después egresó como subteniente de Infantería. Su carrera avanzó entre destinos militares, estudios, lecturas y viajes al exterior. Todavía faltaban décadas para que su nombre apareciera escrito en las paredes de las fábricas, en los sindicatos y en los barrios populares.
La política argentina, mientras tanto, seguía su propio camino.
El golpe de Estado de 1930 había interrumpido el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen. El fraude electoral, los acuerdos entre sectores conservadores y los intereses económicos dominantes caracterizaron buena parte de la década siguiente.
En junio de 1943, otro golpe militar terminó con el gobierno de Ramón Castillo. Perón participó de aquel movimiento y comenzó a ocupar posiciones dentro del nuevo régimen.
Su llegada al Departamento Nacional del Trabajo, convertido posteriormente en Secretaría de Trabajo y Previsión, marcó el comienzo de su ascenso político.
Allí encontró una realidad que las estadísticas económicas no alcanzaban a describir: trabajadores sin vacaciones pagas generalizadas, peones rurales sometidos a relaciones laborales profundamente desiguales, sindicatos que reclamaban reconocimiento y familias obreras para las cuales una enfermedad podía significar la pérdida del sustento.
Desde aquella Secretaría impulsó convenios colectivos, medidas de protección laboral, mecanismos previsionales y el Estatuto del Peón Rural. Algunas conquistas tenían antecedentes en décadas de luchas sindicales y legislaciones anteriores. La novedad consistió en la escala que alcanzaron las reformas y en la relación directa que Perón estableció con importantes sectores del movimiento obrero.
No fue una relación sin conflictos. Pero fue una relación que modificaría definitivamente la política argentina.
El día en que los trabajadores ocuparon la historia
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores marcharon hacia la Plaza de Mayo para reclamar la libertad de Perón, detenido por sus adversarios dentro del propio gobierno militar.
Llegaron desde los establecimientos industriales, los barrios obreros y las localidades que rodeaban la Capital Federal.
La movilización no nació de la nada. Era el resultado de una organización sindical previa, de las transformaciones económicas que habían ampliado la clase trabajadora industrial y de las expectativas que las políticas laborales recientes habían despertado.
Aquella jornada mostró que había aparecido un nuevo protagonista colectivo.
Perón recuperó la libertad y, meses después, ganó las elecciones presidenciales del 24 de febrero de 1946.
Había nacido una fuerza política que ya no podría explicarse solamente por la trayectoria de su conductor.
Una Argentina que comenzó a cambiar
El 4 de junio de 1946, Perón asumió la Presidencia de la Nación.
Su proyecto económico y social combinó industrialización, intervención estatal, ampliación del mercado interno y redistribución del ingreso. Se nacionalizaron servicios estratégicos, se desarrollaron empresas públicas y se promovieron políticas destinadas a mejorar las condiciones materiales de los trabajadores.
El aguinaldo, las vacaciones pagas, la negociación colectiva y la protección social pasaron a formar parte de una nueva relación entre el Estado y el mundo laboral, aunque varias de esas instituciones reconocían antecedentes anteriores a su presidencia.
La transformación también tuvo una dimensión territorial.
Se construyeron viviendas, hospitales, escuelas, hogares infantiles, instalaciones deportivas y espacios destinados al turismo social. La obra pública comenzó a expresar una idea política: el acceso a la salud, la educación, la vivienda y el descanso no debía depender exclusivamente de la capacidad económica de cada familia.
En 1949, una reforma constitucional incorporó derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura, junto con una concepción de la función social de la propiedad.
Ese mismo año, el gobierno estableció la gratuidad de los estudios universitarios nacionales, una decisión que amplió las posibilidades de acceso a la educación superior.
La política económica tuvo también dificultades: restricciones externas, inflación, problemas de productividad y conflictos distributivos que se profundizaron durante el segundo mandato. La transformación social no eliminó las tensiones económicas ni políticas.
1952)
Eva, la otra mitad de aquella historia
No sería posible reconstruir la trayectoria de Perón sin detenerse en Eva Duarte.
Se casaron en octubre de 1945. Eva se convirtió en una figura política con identidad propia, particularmente por su relación con los sectores populares, su intervención en la asistencia social y su participación en la organización política de las mujeres.
La ley de sufragio femenino fue sancionada en 1947 y las mujeres pudieron votar por primera vez en una elección presidencial argentina en 1951.
La Fundación Eva Perón desplegó una extensa actividad social, con establecimientos sanitarios, hogares, asistencia a familias y otras iniciativas.
Evita murió el 26 de julio de 1952, a los 33 años.
Su desaparición dejó una marca profunda en el movimiento peronista y en la vida personal de Perón. Pero también convirtió su figura en una presencia permanente dentro de la memoria popular.
Las bombas, el derrocamiento y el exilio
El segundo gobierno de Perón estuvo atravesado por una creciente confrontación con sectores opositores, parte de las Fuerzas Armadas y la Iglesia católica. También recibió cuestionamientos por las restricciones a la libertad de prensa y por la persecución de opositores.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo y sus alrededores en un intento de derrocar al gobierno constitucional. La acción provocó centenares de víctimas civiles.
Tres meses después, el 16 de septiembre, un levantamiento militar puso fin a la presidencia de Perón.
Comenzó entonces una etapa de exilio y proscripción. El movimiento peronista fue prohibido, sus símbolos perseguidos y numerosos militantes sindicales y políticos fueron encarcelados.
En 1956, durante la dictadura encabezada por Pedro Eugenio Aramburu, se produjeron los fusilamientos de militares y civiles vinculados al levantamiento del general Juan José Valle. Entre las víctimas estuvieron los hombres asesinados en José León Suárez, cuyos casos investigaría Rodolfo Walsh en Operación Masacre.
Durante dieciocho años, Perón vivió fuera de la Argentina. Pasó por distintos países hasta establecerse en Madrid. Desde allí mantuvo correspondencia, recibió dirigentes y siguió interviniendo en la vida política nacional.
Los gobiernos podían impedir su candidatura.
No podían impedir que millones de argentinos continuaran identificándose con su movimiento.
El regreso y los últimos días
Perón regresó por primera vez a la Argentina el 17 de noviembre de 1972. Su retorno definitivo se produjo el 20 de junio de 1973, en una jornada marcada por la violencia entre sectores enfrentados del propio peronismo en las inmediaciones de Ezeiza.
El país era muy distinto al que había dejado.
Una nueva generación de militantes había crecido durante la proscripción, y dentro del movimiento convivían proyectos políticos profundamente enfrentados.
En septiembre de 1973, Perón fue elegido presidente por tercera vez, acompañado en la fórmula por María Estela Martínez de Perón. Obtuvo alrededor del 62 por ciento de los votos.
Su último gobierno estuvo marcado por el intento de concertación económica y social, la violencia política y la profundización de los enfrentamientos internos. La presencia de José López Rega en el Ministerio de Bienestar Social y el accionar de la Triple A forman parte de los aspectos más oscuros de aquel período.
El 1 de julio de 1974, Perón murió en ejercicio de la Presidencia.
Tenía 78 años.
Su muerte dejó abierto un conflicto político que no tardaría en agravarse y que desembocaría, menos de dos años después, en el golpe de Estado de marzo de 1976




Comentarios