Cap. 2: La Biblioteca Nacional sobre las ruinas del Palacio Unzué
Actualizado: 13 ago
Cuando la arquitectura también escribe la historia

"Los pueblos olvidan cuando les destruyen los lugares donde guardan su memoria."
Cada día, miles de personas atraviesan la explanada de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno para consultar un libro, estudiar o simplemente admirar una de las obras arquitectónicas más importantes del brutalismo latinoamericano.
Pocos saben que debajo de ese enorme edificio de hormigón armado hubo otro edificio que marcó para siempre la historia política argentina.
En ese mismo lugar se levantó el Palacio Unzué, residencia presidencial de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón.
Allí Evita pasó sus últimos meses de vida.
Allí murió el 26 de julio de 1952.
Y allí también comenzó uno de los intentos más profundos de la historia argentina por borrar físicamente los símbolos del peronismo.
Porque la historia de ese terreno no puede entenderse solamente desde la arquitectura.
Debe leerse como una disputa por la memoria.
El palacio que terminó siendo la residencia presidencial
Mucho antes de que existiera la Biblioteca Nacional, la manzana comprendida entre las actuales avenidas Del Libertador, Austria, Agüero y la calle Gelly y Obes estaba ocupada por una de las residencias más elegantes de Buenos Aires.
Era el Palacio Unzué.
Construido a fines del siglo XIX por la familia Unzué, respondía al estilo academicista francés que caracterizó las residencias de la aristocracia porteña durante la llamada Generación del Ochenta.
Poseía jardines diseñados al estilo europeo, salones de recepción, escalinatas de mármol, vitrales, arañas de cristal y una ornamentación que buscaba reproducir el lujo de los palacios parisinos.
Con la crisis del 30 las familias aristócratas acumularon deudas impositivas y fue en 1937, bajo el gobierno de Agustín P. Justo, que la propiedad fue expropiada por el Estado Nacional con el fin de convertirlos en residencia presidencial.
El edificio debió sufrir reformas hasta el año 1942. Asimismo, sabemos por los planos guardados en el CeDIAP que hasta abril de 1942 continuaron las obras de adaptación del edificio a jardín de infancia. Sin embargo, ya llegados a diciembre de 1942 (presidencia de Ramón S. Castillo), figuran planos donde al edificio se lo destina nuevamente a residencia presidencial.
El edificio no fue utilizado por los presidentes, el primero en hacerlo sería Edelmiro Farrell (1944-1946), quien usó esporádicamente el Palacio Unzué como residencia, en épocas en que el domicilio presidencial estaba en la calle Suipacha 1034. El primer presidente en utilizarlo regularmente Juan Domingo Perón, electo en 1946, quien se instaló definitivamente en el Palacio Unzué, alejándose del centro porteño hacia este barrio arbolado y residencial, considerando que además por la Avenida Alvear (actual Av. del Libertador) tenía un rápido acceso a la Casa Rosada.
La casa desde donde gobernaba Perón
A diferencia de la Casa Rosada, destinada a las actividades oficiales, el Palacio Unzué funcionaba como residencia privada del presidente.
Sin embargo, esa separación nunca fue absoluta.
Perón recibía allí ministros, dirigentes sindicales, gobernadores, empresarios y delegaciones extranjeras.
Muchas de las decisiones políticas más importantes del primer peronismo fueron discutidas dentro de esas habitaciones.
Evita, por su parte, dividía sus jornadas entre la Fundación Eva Perón, la CGT y el Palacio.
Los testimonios de la época describen un movimiento permanente de automóviles oficiales, trabajadores, colaboradores y personas que buscaban una audiencia con la mujer más influyente de la Argentina de entonces.
Allí murió Eva Perón
Cuando el cáncer comenzó a avanzar, el Palacio Unzué dejó de ser solamente una residencia presidencial.
Se transformó en una sala de cuidados permanentes.
Los médicos entraban y salían constantemente.
Las habitaciones fueron adaptadas para facilitar su atención.
La enfermedad avanzaba mientras millones de argentinos seguían cada parte médico con una intensidad desconocida hasta entonces.
Finalmente, el 26 de julio de 1952, a las 20:25, Eva Perón murió en una habitación del primer piso del Palacio.
Ese lugar quedó inmediatamente incorporado a la memoria colectiva del peronismo.
Durante años, miles de personas identificaron esa residencia como el sitio donde había muerto quien consideraban la "abanderada de los humildes".
El bombardeo de 1955
Tres años después, el edificio volvió a convertirse en escenario de la historia.
El 16 de junio de 1955, sectores de la Marina y parte de la Fuerza Aérea intentaron asesinar al presidente Perón mediante un golpe de Estado.
Mientras los aviones bombardeaban la Plaza de Mayo y provocaban centenares de muertos entre la población civil, el Palacio Unzué figuraba entre los objetivos militares.
El edificio sufrió impactos y daños durante aquella jornada.
Aunque el ataque no logró destruirlo completamente, quedó asociado para siempre a uno de los episodios más violentos de la historia argentina.
El objeto era Perón, y los bombarderos no tuvieron piedad de bombardear el sitio donde funcionaba el hogar de tránsito N° 2 de la fundación Evita, donde se hallaban mujeres embarazadas.
El golpe de septiembre y la política del olvido
Tres meses después llegó la autodenominada Revolución Libertadora.
El nuevo gobierno militar no sólo prohibió el peronismo.
También inició un proceso destinado a eliminar sus símbolos materiales.
Se prohibieron fotografías.
Se prohibieron retratos.
Se prohibieron bustos.
Se prohibieron libros.
Incluso se prohibió mencionar públicamente los nombres de Juan Domingo Perón y Eva Perón mediante el Decreto-Ley 4161 de 1956.
En ese contexto, el Palacio Unzué se transformó en un problema político.
No era solamente una residencia.
Era un símbolo.
Y los símbolos también podían convertirse en enemigos.
Demoler para borrar
La decisión fue extrema.
En lugar de reutilizar el edificio, el gobierno resolvió demolerlo completamente.
Durante meses las máquinas fueron desmontando la residencia hasta hacerla desaparecer.
No quedó prácticamente nada.
Ni jardines.
Ni salones.
Ni escalinatas.
Ni habitaciones.
La casa donde había muerto Eva Perón dejó de existir.
Diversos historiadores interpretan esa demolición como parte de una política deliberada de "desperonización" del espacio público: no sólo se buscaba desplazar a un gobierno, sino también borrar los lugares que remitían a su presencia. Otros autores advierten que también influyeron razones urbanísticas y la decisión de destinar el predio a un nuevo edificio público. Ambos enfoques forman parte del debate historiográfico.
Un terreno vacío durante años
Durante mucho tiempo el predio permaneció prácticamente vacío.
Era un enorme espacio en uno de los barrios más importantes de Buenos Aires.
No existía todavía un proyecto definitivo para ocuparlo.
El vacío también hablaba.
Era el espacio dejado por una historia que algunos pretendían olvidar y otros conservar.
La Biblioteca Nacional
En 1961 se convocó el concurso nacional para construir la nueva sede de la Biblioteca Nacional.
El proyecto ganador pertenecía a tres jóvenes arquitectos que luego serían figuras centrales de la arquitectura argentina:
Clorindo Testa.
Francisco Bullrich.
Alicia Cazzaniga.
Su propuesta rompía completamente con la arquitectura tradicional.
En lugar de apoyar el edificio sobre el suelo, lo elevaba mediante enormes pilares de hormigón.
Los depósitos de libros quedaban enterrados.
Las salas de lectura aparecían suspendidas en el aire.
El edificio parecía flotar sobre el terreno.
¿Por qué parece un gliptodonte?
Con los años, muchos arquitectos comenzaron a comparar la Biblioteca con un gliptodonte.
La analogía no era casual.
Su enorme volumen apoyado sobre cuatro grandes patas de hormigón recuerda la silueta de ese mamífero prehistórico.
Sin embargo, la forma responde a criterios funcionales.
Los arquitectos buscaban liberar el terreno, permitir grandes vistas hacia el Río de la Plata y proteger las áreas de lectura del ruido y de la humedad.
La imagen terminó convirtiéndose en uno de los íconos del brutalismo latinoamericano.
La controversia sobre el simbolismo del proyecto
Con el paso de los años surgió un intenso debate sobre el significado político de emplazar la Biblioteca Nacional precisamente en el antiguo terreno del Palacio Unzué.
Algunos investigadores y protagonistas de la época sostuvieron que existía la intención de reemplazar un símbolo del poder peronista por otro asociado a la cultura y al conocimiento. También circularon versiones según las cuales el nuevo edificio debía representar el triunfo de la cultura sobre el pasado peronista.
La frase de Arturo Frondizi
Existe un antecedente muy citado que ayuda a entender esa relación simbólica. Cuando se impulsó el proyecto de la nueva Biblioteca, el presidente Arturo Frondizi expresó una idea conciliadora sobre el emplazamiento:
"Este nuevo edificio será el símbolo de la integración. Cuando los 'gorilas' quieran investigar, tendrán que hacerlo donde vivieron Perón y Evita, y en el caso de los peronistas, que pregonaban 'alpargatas sí, libros no', no encontrarán la casa de su líder sino la Biblioteca Nacional."
Más allá de esa discusión, resulta innegable que el cambio de uso del predio implicó una profunda resignificación de uno de los lugares más cargados de simbolismo político del país.
La memoria debajo del hormigón
La Biblioteca Nacional es hoy uno de los espacios culturales más importantes de la Argentina.
Custodia millones de libros, manuscritos, diarios y documentos.
Es un patrimonio colectivo.
Pero el terreno que ocupa también forma parte de otro patrimonio: el de la memoria histórica.
Bajo sus pilares ya no existe el Palacio Unzué.
No quedan sus jardines ni sus salones.
Sin embargo, el sitio continúa evocando la vida de Eva Perón, la residencia presidencial del primer peronismo, el bombardeo de 1955, la proscripción política y las decisiones que marcaron la relación de la Argentina con su propio pasado.
La arquitectura puede levantar edificios.
También puede ocultar otros.
Pero rara vez consigue borrar del todo la historia del suelo sobre el que se construye.
Fuentes consultadas
Historia institucional de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.
Decreto-Ley 4161/1956.
Trabajos y publicaciones sobre el Palacio Unzué y la residencia presidencial.
Documentación sobre el concurso de la Biblioteca Nacional y la obra de Clorindo Testa, Alicia Cazzaniga y Francisco Bullrich.
Bibliografía de historia política y urbana sobre la Revolución Libertadora y las políticas de "desperonización".




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