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Cap.1: El edificio que nunca pudo habitar Evita

30 jul
4 min de lectura

La historia de la Fundación Eva Perón que terminó siendo la Facultad de Ingeniería.



Hay edificios que hablan. Algunos lo hacen por su arquitectura; otros, por aquello que intentaron borrar de su historia. El imponente edificio de Avenida Paseo Colón 850, donde hoy funcionan las aulas y laboratorios de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, pertenece a esa segunda categoría.

Miles de estudiantes cruzan cada año sus enormes columnas dóricas sin saber que ese lugar jamás fue concebido para enseñar ingeniería. Su destino original era muy distinto: debía convertirse en la sede central de la Fundación Eva Perón, el organismo de asistencia social más importante que conoció la Argentina durante el siglo XX.

La muerte de Eva Perón primero y el golpe de Estado de 1955 después impidieron que ese proyecto se concretara. Lo que quedó fue un edificio monumental, atravesado por la historia política argentina y convertido, paradójicamente, en uno de los símbolos universitarios más importantes del país.


El sueño de una sede permanente

La Fundación Eva Perón había nacido formalmente en 1948. Desde allí se organizaba una gigantesca red de ayuda social que construía hospitales, policlínicos, hogares escuela, ciudades infantiles, hogares de tránsito, colonias de vacaciones y distribuía medicamentos, ropa, alimentos y máquinas de coser en todo el país.

Su crecimiento fue tan acelerado que las oficinas donde funcionaba comenzaron a resultar insuficientes. Primero ocupó espacios en el Correo Central y luego en el antiguo Concejo Deliberante de Buenos Aires. Sin embargo, el gobierno decidió levantar un edificio propio que estuviera a la altura de la magnitud alcanzada por la Fundación.

Para ello se eligió un terreno ubicado frente al Parque Lezama, donde hasta entonces funcionaba el campo de deportes de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA), que debió abandonar el predio en 1950 para dar paso a la nueva obra.


Una arquitectura pensada para perdurar

El proyecto fue desarrollado por la Dirección General de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas y comenzó a construirse en 1951.

Su estética respondía al monumentalismo estatal característico de la época: una inmensa escalinata de acceso, enormes columnas dóricas y una fachada inspirada en la arquitectura clásica.

Pero el detalle más llamativo estaba sobre el techo.

Diez esculturas monumentales de mármol de Carrara, de seis metros de altura cada una, realizadas por el escultor italiano Leone Tommasi, representaban a los trabajadores y "descamisados" que el peronismo colocaba en el centro de su relato político.

No eran simples adornos.

Desde la avenida podían verse como una declaración política esculpida en piedra.


Eva nunca llegó a ocuparlo

El 26 de julio de 1952 murió Eva Perón.

La construcción continuó, pero perdió a la figura para la cual había sido concebida.

La sede nunca llegó a inaugurarse oficialmente ni a funcionar como centro operativo de la Fundación.

Tres años más tarde, el golpe militar que derrocó a Juan Domingo Perón terminó de cambiar el destino del edificio.


La Revolución Libertadora y el intento de borrar un símbolo

Tras el golpe de septiembre de 1955 comenzó un proceso sistemático de eliminación de toda referencia al peronismo.

La Fundación Eva Perón fue disuelta.

El edificio fue atacado.

Las enormes esculturas de mármol fueron desmontadas mediante grúas, decapitadas en muchos casos y arrojadas al río Matanza-Riachuelo. Décadas más tarde sólo algunas pudieron recuperarse.

No se trataba únicamente de reutilizar un inmueble.

Se buscaba también eliminar uno de los símbolos materiales más visibles de la obra social del peronismo.


De sede social a universidad

En 1956 el gobierno militar decidió transferir el edificio a la Universidad de Buenos Aires.

La Facultad de Ingeniería, que hasta entonces funcionaba en otras dependencias, recibió la construcción inconclusa.

Un equipo encabezado por el ingeniero Enrique Cáceres adaptó el proyecto original a las necesidades académicas. Se construyeron laboratorios, aulas, oficinas y un enorme Canal de Experiencias para Arquitectura Naval de 72 metros de longitud en el subsuelo.

Las tareas de adecuación continuaron durante casi una década y recién en 1966 el edificio pudo considerarse completamente terminado.


Un edificio que conserva las marcas de su historia

Quienes recorren hoy sus pasillos encuentran un edificio imponente, pero también extraño.

La monumental escalinata, los enormes espacios interiores y la distribución de algunos sectores revelan que nunca fue pensado originalmente para una facultad.

La propia Universidad reconoce oficialmente que el edificio fue construido para la Fundación Eva Perón antes de convertirse en sede de Ingeniería.


De símbolo prohibido a Monumento Histórico Nacional

Con el paso del tiempo, el edificio dejó de ser únicamente un espacio universitario para convertirse también en patrimonio histórico.

En 2011 el Congreso Nacional lo declaró Monumento Histórico Nacional bajo la Ley 26.714, identificándolo expresamente como la "actual Facultad de Ingeniería, ex Sede Central de la Fundación Eva Perón".

La declaración implicó un reconocimiento institucional de una historia que durante muchos años permaneció parcialmente silenciada.


La memoria escrita en piedra

Hoy miles de estudiantes ingresan diariamente al edificio sin conocer que aquellas columnas fueron pensadas para recibir a quienes buscaban ayuda en la Fundación Eva Perón.

Las esculturas ya no están.

Las oficinas cambiaron de función.

Los laboratorios reemplazaron a los despachos administrativos.

Pero la arquitectura sigue contando la misma historia.

Porque, aunque cambien los nombres de las instituciones y el uso de los edificios, hay construcciones que conservan entre sus muros las huellas de los proyectos políticos que les dieron origen.

Y el edificio de Paseo Colón 850 es, quizás, uno de los ejemplos más contundentes de cómo la historia argentina quedó grabada, literalmente, en piedra.

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