A Norita.
Hoy se me dio por escribir sobre vos.
Hoy se me ocurrió extrañarte. Asi sencillamente.
Sos la madre que me hubiese encantado tener. Recordando ese dia , ese jueves en la Plaza de Mayo. Donde con lagrimas en mis ojos te conte que era hijo de genocidas. En ese momento no pertenecia a Historias Desobedientes (ya se había fundado, pero no sabia que existía)
Me acariciaste, y una lagrima mia se derramo en tu mano , en la caricia que me la llevare hasta el dia que deje este mundo.
Y después llego ese dia, el primer encuentro internacional de Historias Desobedientes, otro abrazo, otra caricia al alma. Tan pequeña pero tan grandiosa que sos (no pongo “eras” porque para siempre vivirás en mi).
Y despues aquel viaje a Cordoba, en el sindicato de Luz y Fuerza, acompañando y compartiendo con nosotros, precisamente los hijos de quienes cometieron los crímenes mas aberrantes contra la humanidad , y entre ellos la desaparición de tu propio hijo Gustavo.
Supiste abrazarnos, y supiste que rompimos mandatos.
Que no perdonamos
Que no olvidamos
Que no nos reconciliamos
Y tampoco nos callamos.
Gracias Norita, simplemente gracias por tu ejemplo, por tu inmenso amor, porque aprendimos sobre todas las cosas que con valentía y con amor se consiguen cosas.
Que la lucha será eterna.
No sos solo la madre de Gustavo… también déjame que te nombre madre de mi corazón.
Por siempre Norita.








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