Piratas I: Los mármoles del Partenón, dos siglos de una disputa entre Grecia y Gran Bretaña
- Redacción

- hace 14 minutos
- 3 min de lectura

Los mármoles del Partenón: dos siglos de una disputa entre Grecia y Gran Bretaña
Cómo una parte del monumento más emblemático de Atenas terminó en Londres y por qué Grecia reclama desde hace décadas su regreso
Quien visite hoy el Partenón, sobre la Acrópolis de Atenas, encontrará algo llamativo: buena parte de las esculturas que durante más de dos mil años formaron parte de sus frisos, metopas y frontones ya no están allí. Una porción considerable se encuentra a más de 2.000 kilómetros de distancia, expuesta en el Museo Británico de Londres.
La historia comienza a principios del siglo XIX, cuando Grecia todavía formaba parte del Imperio Otomano.
Entre 1801 y 1805, Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin y entonces embajador británico ante el Imperio Otomano, organizó la extracción y traslado de numerosas esculturas de la Acrópolis. Entre ellas había partes del friso del Partenón, metopas y grandes figuras pertenecientes a sus dos frontones.
El punto central de una controversia que continúa más de dos siglos después es qué autorización tenía realmente Elgin.
El Museo Británico sostiene que el diplomático obtuvo permiso de las autoridades otomanas y que sus actuaciones fueron posteriormente investigadas y consideradas legales por una comisión del Parlamento británico. Grecia sostiene una interpretación radicalmente diferente: que aquella autorización no permitía desmantelar el edificio ni retirar la cantidad de esculturas que finalmente fueron extraídas.
Existe además una cuestión histórica de fondo: Grecia no era entonces un Estado independiente capaz de decidir sobre su propio patrimonio, sino un territorio bajo dominio otomano.
De la colección privada al Museo Británico
Elgin transportó las piezas a Gran Bretaña y, después de atravesar serias dificultades económicas, terminó vendiendo su colección al Estado británico en 1816. El Parlamento aprobó su adquisición y las esculturas pasaron al Museo Británico, donde comenzaron a exhibirse públicamente en 1817.
Actualmente el museo conserva, entre otras piezas, 17 figuras procedentes de los frontones, 15 metopas y unos 75 metros del friso original del Partenón. Las esculturas supervivientes están principalmente divididas entre Londres y Atenas, aunque existen fragmentos en otras colecciones europeas.
Grecia pide que vuelvan a Atenas
El reclamo adquirió dimensión internacional especialmente durante la década de 1980. En 1983 Grecia presentó formalmente al Reino Unido el pedido de devolución permanente de las esculturas conservadas en el Museo Británico. Desde entonces, sucesivos gobiernos griegos han mantenido la misma posición.
Para Grecia no se trata simplemente de recuperar obras de arte dispersas por distintos museos. Su argumento central es que las esculturas fueron concebidas como partes arquitectónicas de un único monumento y que dividirlas entre Londres y Atenas impide comprender plenamente el conjunto.
Ese argumento adquirió todavía más fuerza con la inauguración, en 2009, del nuevo Museo de la Acrópolis. Allí existe una galería específicamente diseñada para presentar las esculturas del Partenón siguiendo la disposición que tenían originalmente, con el propio templo visible desde el museo. Las partes ausentes evidencian físicamente la fragmentación del conjunto.
El Museo Británico, por su parte, sostiene que las esculturas fueron adquiridas legalmente, que forman parte de su colección y que su exhibición en Londres permite presentarlas dentro de una historia comparada de las grandes civilizaciones del mundo. También se ha mostrado dispuesto a discutir fórmulas de colaboración y préstamos, pero Grecia rechaza una solución que implique reconocer previamente la propiedad británica de las piezas.
Una discusión que ya no es solamente arqueológica
En los últimos años hubo antecedentes significativos. En 2022, un fragmento conservado en Palermo fue reunificado permanentemente con las esculturas de Atenas. En 2023, tres fragmentos procedentes de los Museos Vaticanos también regresaron al Museo de la Acrópolis.
Por eso, la discusión sobre los llamados “Mármoles de Elgin” excede desde hace tiempo al Partenón. Plantea una pregunta mucho más amplia sobre los grandes museos europeos y las colecciones formadas durante los siglos del colonialismo y los imperios: ¿hasta dónde alcanza la legalidad de una adquisición realizada hace doscientos años y dónde comienza el derecho de una sociedad a recuperar partes fundamentales de su patrimonio?
Para Grecia la respuesta es clara. No reclama que las esculturas vuelvan a colocarse a la intemperie sobre el Partenón, algo que hoy sería inviable por razones de conservación. Reclama que crucen nuevamente Europa, esta vez en dirección contraria, para reunirse en el Museo de la Acrópolis con las piezas de las que fueron separadas hace más de dos siglos.



Comentarios