VPH: una infección frecuente que se puede prevenir

El Virus del Papiloma Humano es una de las infecciones de transmisión sexual más comunes. La mayoría de las veces desaparece sin provocar problemas, pero algunos tipos pueden producir lesiones y, con el paso de los años, favorecer el desarrollo de distintos cánceres. Vacunación, controles y acceso a información son las principales herramientas para prevenirlos.
Hablar del Virus del Papiloma Humano (VPH) es hablar de una infección extremadamente frecuente. Tanto, que gran parte de las personas sexualmente activas tendrá contacto con el virus en algún momento de su vida.
Sin embargo, todavía existen dudas, temores y prejuicios alrededor de un diagnóstico positivo.
El VPH comprende un amplio grupo de virus y se transmite principalmente a través del contacto sexual, incluido el contacto piel con piel de la zona genital. Puede afectar a mujeres y varones y, en la mayoría de los casos, no produce síntomas.
La Organización Mundial de la Salud señala que aproximadamente el 90% de las infecciones son controladas por el propio organismo. Por eso, tener VPH no significa tener cáncer ni significa necesariamente que la persona vaya a desarrollar una enfermedad.
VPH de bajo y alto riesgo
No todos los tipos de VPH tienen las mismas características.
Algunos son considerados de bajo riesgo y pueden provocar verrugas genitales. Otros son denominados de alto riesgo porque, cuando la infección persiste durante años, pueden producir alteraciones celulares que eventualmente evolucionen hacia lesiones precancerosas o cáncer.
La infección persistente por determinados tipos de VPH es la causa de prácticamente todos los casos de cáncer de cuello uterino. También está asociada con cánceres de ano, vulva, vagina, pene y determinadas zonas de la boca y la garganta.
Pero hay un dato fundamental: una infección por VPH no es sinónimo de cáncer.
Generalmente existe un proceso prolongado entre la infección persistente y el desarrollo de una enfermedad oncológica. La OMS estima que la progresión hacia un cáncer de cuello uterino suele llevar entre 15 y 20 años, aunque puede ser más rápida en personas con el sistema inmunitario debilitado.
Ese tiempo permite intervenir mediante controles, detectar lesiones precancerosas y tratarlas antes de que evolucionen.
Una infección que muchas veces no avisa
Una de las características del VPH es que frecuentemente no produce síntomas.
Una persona puede tener el virus y desconocerlo. Incluso las lesiones precancerosas del cuello uterino suelen ser asintomáticas.
Por eso los controles periódicos tienen tanta importancia: no hay que esperar a sentir algo para consultar.
El PAP permite detectar alteraciones en las células del cuello uterino, mientras que el test de VPH busca la presencia de tipos del virus asociados a mayor riesgo. Las estrategias de detección permiten encontrar lesiones antes de que se conviertan en cáncer y tratarlas oportunamente.
La vacuna: prevenir antes de que aparezca la enfermedad
Una de las herramientas más importantes para enfrentar al VPH es la vacunación.
En Argentina, la vacuna contra el VPH forma parte del Calendario Nacional de Vacunación. Actualmente se indica una dosis a los 11 años.
Además, quienes no fueron vacunados oportunamente pueden acceder a esquemas de recuperación según su edad. La información oficial establece una dosis hasta los 20 años y dos dosis, separadas por seis meses, cuando el esquema comienza entre los 21 y los 26 años. Para determinadas personas inmunocomprometidas de entre 11 y 26 años se indica un esquema de tres dosis.
La vacuna busca prevenir la infección y las enfermedades asociadas al virus. No sirve para eliminar una infección por VPH que ya está presente, pero constituye una herramienta fundamental para disminuir la aparición futura de lesiones y cánceres relacionados con el virus.
¿El preservativo protege?
Sí, reduce el riesgo, pero no lo elimina completamente.
Esto ocurre porque el VPH puede transmitirse mediante el contacto de zonas de piel genital que no quedan cubiertas por el preservativo.
Por eso la prevención no depende de una única medida. Vacunación, preservativo y controles periódicos son herramientas complementarias.
Un resultado positivo no debe convertirse en una condena
Recibir un diagnóstico de VPH puede generar miedo y también conflictos en una pareja. Pero es importante entender que se trata de una infección extremadamente frecuente y que puede permanecer durante mucho tiempo sin manifestarse.
Un resultado positivo no debería convertirse en motivo de culpa, vergüenza o estigmatización.
Lo importante es realizar el seguimiento indicado por el equipo de salud. Detectar una infección o una lesión a tiempo permite controlar su evolución y, cuando corresponde, tratar las alteraciones antes de que progresen.
Información también es prevención
Durante mucho tiempo, hablar de infecciones de transmisión sexual estuvo atravesado por silencios y prejuicios. El VPH demuestra por qué es necesario cambiar esa mirada.
Prevenir no significa solamente hablar de prácticas sexuales seguras. También significa garantizar vacunas, controles, diagnóstico temprano e información comprensible.
El cáncer de cuello uterino es, en gran medida, prevenible. La vacunación contra el VPH, sumada a los controles periódicos y al tratamiento oportuno de las lesiones precancerosas, puede evitar miles de casos.
Hablar del VPH sin miedo y sin estigmas también forma parte del cuidado de la salud.
Porque conocer, prevenir y acceder a tiempo al sistema sanitario puede cambiar la historia de una enfermedad.




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