Presente, mi General!
- Martha Nouche

- 2 jul
- 2 min de lectura

Recuerdo que el día que murió Perón estaba en las oficinas de un despachante de aduana para el cual trabajaba, hablando con la secretaria que tenía la radio prendida. De pronto anuncia un locutor que iba a hablar María Estela de Perón por cadena nacional. Sus palabras eran un sollozo constante anunciando la muerte del General. Así estábamos todos. Me sentí descompuesta, era como si se hubiera muerto mi abuelo, mi padre, la persona con la cual me sentía protegida. Desde que era chiquita viví las mejoras de sus gobiernos a los trabajadores, a las familias, a los niños no entendía demasiado pero veía la alegría no solo en mi familia de mamá, papá y hermanas, sino en mis tíos y vecinos. Luego, la inmensa tristeza de un golpe de Estado, de la proscripción, de la persecución ideológica, de la impotencia del pueblo. El voto en blanco que siempre superaba a los votos válidos, mi abuelo pintando paredes y arriesgando su vida con las iniciales de Perón vuelve. Y fuí creciendo en medio de todo eso, del silencio obligado y de los cuadros escondidos. Cómo no me iba a descomponer con el anuncio de su muerte... Y así fue que una compañera me pidió que la acompañara hasta la aduana como un gesto de buena voluntad para que me recompusiera. Como si eso fuera a hacer desaparecer los sentimientos con los que crecí. Cuando llegamos habían reunido a todo el personal en un hall para homenajear a nuestro líder. Fué ahí que mi dolor y mi llanto se profundizaron y casi me hicieron perder el sentido. Aún hoy cuando se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento del que para mí, junto con Evita, fue el padre de los pobres, resuenan muy fuerte las últimas palabras del orador del acto: PRESENTE MI GENERAL!!!



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