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Milei suma kilómetros lejos de la casa rosada

11 jul.
4 min de lectura

Javier Milei confirmó que el próximo 25 de julio viajará a Brasil para participar del lanzamiento de la candidatura presidencial del senador Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario Jair Bolsonaro y principal referente de la oposición al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.



Por momentos, la agenda presidencial argentina parece organizada más por el calendario de la nueva derecha internacional que por las urgencias del país. Javier Milei confirmó que el próximo 25 de julio viajará a Brasil para participar del lanzamiento de la candidatura presidencial del senador Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario Jair Bolsonaro y principal referente de la oposición al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Además, el Presidente argentino anticipó que intentará visitar en Brasilia al exmandatario brasileño, actualmente bajo arresto domiciliario por decisión de la Justicia de ese país.

La visita no constituye una misión de Estado, una negociación bilateral ni un encuentro institucional entre gobiernos. Se trata, esencialmente, de un viaje de fuerte contenido partidario e ideológico, en el que Milei se involucrará de manera explícita en la campaña electoral de otro país, respaldando al candidato del Partido Liberal brasileño.

La decisión profundiza una línea política que el mandatario argentino sostiene desde el comienzo de su gestión: priorizar la construcción de una red internacional de dirigentes de la derecha y la ultraderecha antes que la diplomacia tradicional. En los últimos meses, Milei ya había recibido a Flávio Bolsonaro en Buenos Aires, donde expresó públicamente su respaldo con una frase que resumió su posicionamiento: "Se viene la marea azul para Brasil".


Una agenda internacional cada vez más política

Desde que llegó a la Presidencia, Javier Milei convirtió los viajes al exterior en uno de los ejes visibles de su gestión. Estados Unidos, Israel, Italia, España, Suiza, El Vaticano, Alemania, República Checa y Brasil aparecen repetidamente en una agenda donde abundan conferencias, encuentros con empresarios, foros ideológicos y reuniones con dirigentes políticos afines.

El Gobierno suele justificar esas giras como parte de una estrategia destinada a atraer inversiones, fortalecer vínculos internacionales y posicionar a la Argentina dentro de un nuevo mapa geopolítico. Sin embargo, buena parte de esos desplazamientos estuvieron vinculados con actividades privadas, premiaciones, convenciones partidarias o encuentros con referentes conservadores internacionales.

El próximo viaje a Brasil parece inscribirse claramente en esa lógica. No habrá reuniones con Lula da Silva ni una agenda institucional con el gobierno brasileño. El centro del viaje será acompañar el lanzamiento de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro y reforzar la alianza política entre ambos espacios.


Brasil, el principal socio comercial... pero no el principal interlocutor

La paradoja resulta difícil de ignorar.

Brasil continúa siendo el principal socio comercial de la Argentina. Miles de empresas dependen del intercambio bilateral; buena parte de la industria automotriz funciona sobre esa integración productiva y el Mercosur sigue siendo una herramienta económica central para ambos países.

Sin embargo, la relación entre Milei y Lula permanece prácticamente congelada desde antes de la asunción presidencial. Los cruces públicos, las descalificaciones y la afinidad del mandatario argentino con Jair Bolsonaro terminaron convirtiendo una relación estratégica entre Estados en un vínculo atravesado por diferencias ideológicas.

El nuevo viaje profundiza esa tensión. Mientras la diplomacia suele evitar intervenir en campañas electorales extranjeras, Milei decidió involucrarse personalmente en la disputa presidencial brasileña.


La discusión sobre las prioridades

Más allá del contenido ideológico del viaje, vuelve a instalarse un debate que acompaña a la gestión desde hace meses: ¿cuánto tiempo dedica el Presidente a la actividad internacional y cuánto a la administración cotidiana del país?

Argentina continúa atravesando desafíos complejos: caída del consumo, dificultades para numerosos sectores productivos, conflictos con las provincias, tensiones legislativas, reclamos universitarios, problemas en hospitales públicos y discusiones permanentes por el financiamiento estatal.

En ese contexto, cada nuevo viaje presidencial reabre interrogantes sobre las prioridades de la gestión. Para sus críticos, el Presidente aparece más cómodo en escenarios internacionales que en la resolución cotidiana de los conflictos internos. Para el oficialismo, en cambio, esas giras constituyen una inversión política destinada a insertar al país en un nuevo esquema de alianzas internacionales.

La discusión difícilmente encuentre una respuesta unánime. Pero los números muestran una característica singular de esta administración: pocas presidencias argentinas habían tenido una presencia internacional tan intensa durante sus primeros años de gestión.


Una construcción regional

El respaldo a Flávio Bolsonaro tampoco es un episodio aislado.

Forma parte de un intento más amplio por consolidar un espacio regional integrado por dirigentes conservadores que mantienen afinidad con Donald Trump en Estados Unidos, Nayib Bukele en El Salvador y distintos referentes europeos.

En esa estrategia, Milei parece aspirar a desempeñar un rol que excede el de presidente argentino: el de uno de los principales referentes latinoamericanos de esa corriente política.

La pregunta que inevitablemente surge es otra: mientras el Presidente busca liderar una batalla ideológica continental, ¿quién conduce, día tras día, la compleja administración de un país que continúa enfrentando problemas económicos, sociales e institucionales que demandan atención permanente?

Porque gobernar un país supone también administrar tiempos. Y cada día dedicado a una campaña electoral extranjera es, inevitablemente, un día menos destinado a las urgencias de la propia Argentina.

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