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Un cura molesto



En la historia de la Argentina hubo muchos sacerdotes que tuvieron participación activa en la historia, ya fuera a través de su prédica, su oración, dirigiendo comunidades, tomando las armas, y en algunos casos fabricándolas. Manuel Alberti, Justo Santa María de Oro, Luis Beltrán, Mamerto Esquiú, Hernán Benítez, Carlos Mugica, Jorge Bergoglio son algunos de ellos. Hoy quiero mencionar a un cura de perfil bajo, que participó de manera activa luego del Concilio Vaticano para aplicar una pastoral liberacionista, de cara al pueblo, enfrentado a las dictaduras, en la línea de los documentos que acordaron los obispos de latinoamérica en Medellín y el episcopado argentino en San Miguel. Se trata de Jorge Oscar Adur, un cura asuncionista nacido en Nogoyá, formado en Chile, ordenado por el cardenal Raúl Silva Henríquez, a quien reconoció siempre como su modelo de pastor. Armó el seminario de los asuncionistas en Olivos, con una casa abierta a la comunidad, evangelizando el barrio, las fábricas y las villas de la zona norte. Se sumó al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, y fue asesor de la Acción Misionera Argentina, una organización dedicada a la misión integral en distintas provincias, en muchas de las cuales impulsaron las Ligas Agrarias. Al Episcopado no le gustó la acción social de los misioneros, y desarmó de a poco a los equipos. El trabajo pastoral y las homilías del cura le molestaban al obispo de San Isidro, por lo que decidió pedirle a los asuncionistas que lo llevaran a otra diócesis. Monseñor Aguirre tenía esa costumbre con los curas que le molestaban, a tal punto que tiene un mínimo de media docena de curas expulsados por él mismo. Adur fue al barrio Manuelita de San Miguel, con la autorización del jesuita Jorge Bergoglio, donde trabajó codo a codo con estudiantes, obreros y universitarios, hasta que la llegada de la dictadura secuestró a dos de sus seminaristas, lo que lo obligó a refugiarse un tiempo. Adur fue uno de los curas, que en septiembre de 1970, participó de la misa de los primeros montoneros asesinados: Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus. Su vínculo con la organización se remonta a aquellos días y, hacia 1975, fue uno de los creadores de Cristianos para la Liberación, una organización confesional integrada por curas, monjas y laicos. Exiliado desde mediados de 1976, viajó mucho, y en cada lugar fue un activo denunciante del terrorismo de estado que se llevaba adelante en la Argentina. Levantó su voz en París, Roma, Lovaina, Madrid, Londres, México, Puebla, Kingston, La Habana, Jerusalén. En 1978 lo nombraron como capellán de los Montoneros, y luego lo convocaron para participar de la Contraofensiva, un movimiento táctico deriesgo que buscó debilitar al gobierno militar. Recorrió Oriente Medio, estuvo en El Líbano y también en Siria, la tierra de su padre, siempre en su rol de sacerdote. Llegó a la Argentina hacia 1980, estuvo una semana con diversas misiones, entre ellas organizar la reunión de las Madres de Plaza de Mayo con el papa Juan Pablo II, quien viajaría a Brasil en el mes de julio de aquel año. El 26 de junio, cuando se dirigía a Porto Alegre, lo secuestraron en la frontera Paso de los Libres - Uruguayana. Lo pasaron por diversos centros clandestinos de detención, desde La Polaca (Corrientes), luego Campo de Mayo, hasta una casa operativa en Muñiz. Hacia fines de septiembre, tres meses después de su captura, y exprimido hasta el infinito en la mesa de torturas, fue arrojado al río de la Plata en un vuelo de la muerte que despegó desde la pista aérea de Campo de Mayo. La figura de Jorge Adur es un escándalo para las altas esferas eclesiásticas, que siempre protegieron a los capellanes de las distintas fuerzas de seguridad, algunos de ellos con título episcopal. Adur es un cura desconocido, poco mencionado por la misma militancia, y escondido por el mundo consagrado. Durante los años oscuros la Jerarquía no se animó a levantar la voz, a pesar del secuestro de seminaristas, monjas, curas, laicos, y el asesinato de dos obispos. Adur se enfrentó al momento histórico que le tocó vivir, y decidió acompañar a los que luchaban en contra de las dictaduras que castigaron al pueblo argentino, a costa de su propia vida.

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