Santilli juró como nuevo jefe de gabinete
- Redacción

- hace 24 horas
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Referentes del PRO y de LLA presenciaron la ceremonia encabezada por Javier Milei que tuvo como invitado protagónico a Manuel Adorni

La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete no representa simplemente un cambio de nombres. Es la consecuencia de una crisis política que terminó forzando la salida de Manuel Adorni, uno de los funcionarios más cercanos a Javier Milei y una de las principales caras del oficialismo. La decisión se produjo luego de semanas de fuerte desgaste, marcado por denuncias judiciales y crecientes cuestionamientos sobre su patrimonio y conducta pública.
Durante meses, el Presidente defendió públicamente a Adorni y rechazó los pedidos de apartarlo. Sin embargo, la presión política, el impacto del escándalo y las dificultades para sostener la agenda legislativa terminaron imponiendo un cambio que el Gobierno buscó presentar como una transición ordenada.
La designación de Santilli también deja un fuerte mensaje político. El dirigente, con una extensa trayectoria en el PRO, simboliza un acercamiento cada vez mayor entre el oficialismo libertario y sectores tradicionales de la política que Milei había prometido combatir durante la campaña. Para muchos observadores, la incorporación de figuras provenientes de la "vieja política" expone las dificultades del Gobierno para sostener su proyecto únicamente con dirigentes propios.
El caso Adorni también golpea uno de los pilares discursivos de La Libertad Avanza: la promesa de transparencia y superioridad ética frente a los gobiernos anteriores. Independientemente de cómo avancen las investigaciones judiciales, el costo político ya existe. La imagen de un gobierno que aseguraba haber llegado para terminar con los privilegios quedó afectada por un escándalo que obligó a reemplazar a uno de sus funcionarios más importantes.
Ahora, Santilli tendrá el desafío de ordenar un gabinete que atraviesa su cuarto cambio en la Jefatura desde el inicio de la gestión y de recuperar la confianza política en un momento complejo. Pero más allá del recambio, la pregunta sigue abierta: ¿se trata de un verdadero cambio de rumbo o simplemente de un intento por contener el costo político de una crisis que el Gobierno ya no pudo disimular?


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