¿INDEPENDENCIA O INDEPENDENCIAS?
- Jorge Márquez

- 9 jul
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El 9 de Julio evoca la jornada en que un grupo de representantes de las Provincias Unidas confirmó en una declaración su intención de poner fin a siglos de dominio colonial español. La declaración de la independencia fue un acto soberano y colectivo. El histórico Congreso de Tucumán reunió a 28 diputados, que sesionaron y debatieron día a día durante muchos meses para proyectar una nueva nación. Allí se trazaron los primeros lineamientos de lo que luego sería la Argentina.

CONFLICTO
El Congreso fue convocado cuando la Santa Alianza promovía en Europa la restauración monárquica y combatía los movimientos liberales y democráticos. Comenzó en Tucumán, por el creciente disgusto de los pueblos del interior con Buenos Aires. Desde la supresión de la Junta Grande por el Primer Triunvirato en 1811 y hasta el Directorio de Alvear, la conducción porteña había impuesto sus criterios centralistas, desconociendo las tendencias confederales de la mayoría de esos pueblos. Las provincias fueron convocadas para reunirse en Tucumán y enviaron sus diputados. Estuvieron incluidas algunas del Alto Perú, por entonces en manos realistas, pero no participaron Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental, por diferencias políticas.
Pues esta independencia ya había sido declarada tres años antes……
En efecto, la historia “oficial” decidió “olvidar” ¿por incomoda? Esta independencia.
En esta el” general de los pueblos libres” en 1815 José Gervasio Artigas proponía:
Democracia e igualitarismo, igualdad ante la ley; Distribución de tierras, Protección de la industria local, Derechos de introducción (impuestos a la mercadería extranjera) apertura de puertos para quebrar el monopolio porteño.
El 9 de julio de 1816 en la casa que había prestado gentilmente doña María Francisca Bazán, los diputados que habían llegado de todos los puntos del ex virreinato declararon la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Comenzaba una nueva etapa para lo que empezaba a ser nuestro país.
Éramos independientes políticamente “de España y de toda dominación extranjera”, pero la metrópoli nos había dejado en una situación muy delicada, que conduciría a una dependencia económica de otras potencias europeas. España no sólo no había fomentado el desarrollo industrial en sus colonias americanas, sino que hizo todo lo posible para obstaculizarlo y poner trabas al comercio entre las distintas regiones del extenso territorio. España misma tenía una escasa producción industrial, que no alcanzaba a cubrir las necesidades básicas de sus habitantes y debía importar la mayoría de los productos elaborados.
La zona de Buenos Aires producía básicamente materias primas para exportar, como cueros, sebo para las velas y tasajo, que era una grasa salada utilizada por países como Brasil y Estados Unidos para alimentar a los esclavos. Esto le reportaba a la región importantes ganancias, que junto con el manejo exclusivo de las rentas del puerto y la Aduana -que aumentaron enormemente a partir del reglamento de Libre Comercio de 1809- le permitían darse el lujo de importar todos los productos que precisaba sin necesidad de preocuparse por su fabricación.
Así pensaba al menos la mayoría de los terratenientes porteños, que preferían la ley del menor esfuerzo y la ganancia fácil antes que el aporte para el progreso, que hubiera implicado que destinaran parte de sus enormes ganancias -como hicieron los ganaderos y granjeros norteamericanos- a invertir en la industria.
La situación del interior era diferente. En algunas regiones como en Cuyo, Córdoba, Corrientes y las provincias del Noroeste, se habían desarrollado pequeñas y medianas industrias, en algunos casos muy rudimentarias, pero que lograban abastecer a sus mercados internos y daban trabajo a los habitantes de estas regiones. Para el interior el comercio libre significó en muchos casos la ruina de sus economías regionales arrasadas por los productos importados más baratos y de mejor calidad.
El manejo del puerto y la Aduana en forma exclusiva e injusta por parte de Buenos Aires será el tema central de los enfrentamientos que comenzarán a darse por esta época y no concluirán hasta la década de 1870.
La incapacidad y la falta de voluntad y de patriotismo de los sectores más poderosos llevaron a que nuestro país quedara condenado a producir materias primas y a comprar bienes elaborados muchas veces con los productos de nuestra tierra. Claro que valía mucho más una bufanda inglesa que la lana argentina con la que estaba hecha. Esto condujo a una clara dependencia económica del país comprador y vendedor, en este caso Inglaterra, que impuso sus gustos, sus precios y sus formas de pago.
Por otra parte, los países que sustentan su existencia en virtud de la exportación de materias primas, como granos o carnes, quedan muy expuestos a los fenómenos naturales, como sequías, inundaciones, pestes de animales y esto puede arruinar su economía de un momento a otro. En cambio, los países industriales pueden planificar su economía sin preocuparse por si llueve, está nublado o sale el sol.
La Independencia Económica es una de las tres banderas fundamentales de la doctrina peronista, junto con la soberanía política y la justicia social. Proclamada oficialmente por el presidente Juan Domingo Perón el 9 de julio de 1947, buscó liberar a la Argentina de la dependencia de los centros financieros extranjeros, transformar la estructura productiva nacional y lograr un desarrollo autónomo.
Los pilares de este modelo histórico incluyeron:
Nacionalización de los servicios y recursos: El Estado pasó a controlar sectores estratégicos comprando o estatizando ferrocarriles, la red telefónica, los puertos, el gas y la energía eléctrica.
Creación del IAPI: El Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI) centralizó el comercio exterior. Monopolizaba las exportaciones agropecuarias y destinaba esa renta a subsidiar la industrialización y el mercado interno.
Nacionalización del Banco Central (BCRA): Se estatizó la entidad financiera para poder dirigir el crédito hacia la producción y el desarrollo de la industria nacional, evitando la especulación.
Cancelación de la deuda externa: El gobierno logró saldar la totalidad de la deuda externa histórica, declarando al país financieramente independiente.
Para el peronismo, la independencia económica era la condición indispensable para lograr la justicia social y asegurar que la riqueza generada en el país quedara en manos de los argentinos y fuera distribuida equitativamente
Como vemos, “INDEPENDENCIA” es un concepto y como tal estuvo y está en disputa, el formal “liberal” y el económico……….
La globalización operada a través de los mercados tiende a disolver las culturas locales y las nacionalidades; Sin embargo los justicialistas seguimos creyendo en la nación como categoría histórica. Es a partir de nuestra propia identidad desde donde pensamos y obramos, y esto tan elemental y sensato como parece es algo que a veces genera confusiones. El peronismo siempre ha buscado definirse a partir de lo que ha elegido enfrentar en cada tiempo-aunque en definitiva se trata de diversas versiones del neoliberalismo y del materialismo-pero a la vez sobre lo que lo sustenta “Un humanismo trascendente”. Esto en parte ha caído en el olvido y por eso ha empobrecido el debate político.
Para los justicialistas, los derechos humanos no se detienen en lo jurídico institucional, pues también hay derechos sociales, económicos, políticos, culturales y hasta espirituales que los constituyen, porque el ser humano es sujeto de necesidades complejas.



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