Chapadmalal: la ciudad donde el descanso dejó de ser un privilegio
- Pablo Insua

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Durante buena parte del siglo XIX y comienzos del XX, las vacaciones frente al mar eran un lujo reservado para la aristocracia y, más tarde, para las clases medias acomodadas. Mar del Plata había nacido como un balneario exclusivo. Sus grandes hoteles, sus rambla y sus playas respondían a un modelo pensado para una minoría.
La llegada del peronismo alteró esa lógica.
Por primera vez, el descanso anual comenzó a ser concebido como un derecho social y no como un privilegio económico. De esa idea nació una de las obras públicas más ambiciosas del siglo XX argentino: la Unidad Turística Chapadmalal, una verdadera ciudad construida para que miles de trabajadores y sus familias pudieran conocer el mar y disfrutar de vacaciones gratuitas o de muy bajo costo. El complejo comenzó a proyectarse a partir del Decreto 9305/1945, fue ampliado durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón y quedó bajo la órbita de la Fundación Eva Perón como una de las piezas centrales de la política de turismo social.
El nacimiento de una idea revolucionaria
La construcción de Chapadmalal no fue un hecho aislado.
Formaba parte de una transformación mucho más amplia impulsada por el primer peronismo.
La Constitución de 1949, la generalización de las vacaciones pagas, el fortalecimiento de los sindicatos y la expansión de los derechos laborales modificaron la relación de millones de trabajadores con el tiempo libre.
El descanso dejó de ser una concesión patronal para convertirse en un derecho.
Pero para ejercer ese derecho hacía falta infraestructura.
Y esa infraestructura debía ser estatal.
Una ciudad frente al mar

El Estado adquirió y expropió tierras ubicadas sobre la costa atlántica, a unos treinta kilómetros de Mar del Plata.
Allí comenzó a levantarse una verdadera ciudad turística.
No se trataba solamente de hoteles.
El complejo incluía:
nueve hoteles;
diecinueve bungalows;
un centro administrativo;
asistencia médica permanente;
farmacia;
cine-teatro;
capilla;
galerías comerciales;
confitería;
espacios recreativos infantiles;
áreas deportivas;
extensos parques y forestación.
Cada quincena llegaban entre cuatro y cinco mil personas provenientes de todo el país. Para muchas de ellas era la primera vez que veían el mar.
¿De dónde surgió la idea?
Una de las preguntas más interesantes es cuál fue la inspiración del proyecto.
No existe un único modelo.
Chapadmalal tomó elementos de distintas experiencias internacionales y nacionales.
Por un lado, recogía la tradición europea de las colonias de vacaciones desarrolladas desde fines del siglo XIX para niños y trabajadores, especialmente en Italia, Alemania y Francia.
Por otro, retomaba experiencias argentinas previas impulsadas en la década de 1930, entre ellas el complejo turístico de Embalse Río Tercero, en Córdoba, cuyo sistema de pabellones sirvió como antecedente directo para el diseño general del conjunto. La propia documentación oficial señala que Chapadmalal y Embalse fueron concebidos bajo una misma tipología arquitectónica "pabellonaria", desarrollada por el Ministerio de Obras Públicas conducido por Juan Pistarini.
Sin embargo, el peronismo llevó esa idea mucho más lejos.
Mientras las colonias europeas estaban dirigidas a sectores específicos, Chapadmalal fue concebida como una política pública de alcance nacional destinada a trabajadores, jubilados, niños y familias de bajos ingresos.
Una arquitectura pensada para democratizar el paisaje

Uno de los aspectos más sobresalientes del complejo es su arquitectura.
Lejos de la monumentalidad clásica utilizada en otros edificios del primer peronismo, Chapadmalal apostó por una estética mucho más integrada con el paisaje.
El conjunto fue construido siguiendo las líneas del pintoresquismo de inspiración californiana, muy difundido en la arquitectura pública argentina de las décadas de 1930 y 1940.
Sus características son fácilmente reconocibles:
techos de tejas españolas;
muros blancos revocados;
amplias galerías;
carpinterías de madera;
herrajes de hierro forjado;
piedra Mar del Plata en basamentos y revestimientos;
jardines cuidadosamente diseñados;
edificios de baja altura.
Todo el conjunto buscaba transmitir una sensación de tranquilidad, cercanía y pertenencia al paisaje costero.
La influencia de la ciudad jardín
Más allá del estilo arquitectónico, Chapadmalal responde también a los principios del urbanismo de la Ciudad Jardín, desarrollado por el británico Ebenezer Howard a fines del siglo XIX.
Howard proponía ciudades abiertas, con abundantes espacios verdes, edificios separados entre sí y una fuerte integración entre naturaleza y vida cotidiana.
En Chapadmalal esos principios aparecen claramente.
Los hoteles no forman una gran masa edilicia continua.
Cada edificio respira.
Los jardines, senderos, arboledas y espacios abiertos son tan importantes como las construcciones mismas.
La naturaleza no aparece como decoración.
Forma parte del proyecto arquitectónico.

Una ciudad donde nada faltaba
Cada hotel funcionaba casi como una pequeña comunidad.
Los visitantes disponían de:
habitaciones completamente equipadas;
comedores;
salas de estar;
bibliotecas;
servicios médicos;
actividades deportivas;
excursiones;
acceso organizado a la playa.
Todo estaba pensado para que una familia pudiera pasar dos semanas completas sin necesidad de salir del complejo.
La Fundación Eva Perón incluso proveía gran parte del mobiliario, la vajilla, la ropa de cama y los elementos de uso cotidiano.
El paisaje como derecho
Quizás el mayor acierto de Chapadmalal no haya sido arquitectónico.
Fue cultural.
Hasta entonces, contemplar el mar era una experiencia asociada al ocio de las élites.
Chapadmalal transformó esa experiencia en una política pública.
Miles de obreros industriales, empleados, trabajadores rurales y sus hijos conocieron por primera vez el océano Atlántico gracias a esos hoteles.
No viajaban como huéspedes de beneficencia.
Lo hacían como ciudadanos que ejercían un derecho.
Un patrimonio que sobrevivió al tiempo
Tras el golpe de Estado de 1955, la Unidad Turística continuó funcionando con distintas modalidades y administraciones.
Con el paso de las décadas sufrió períodos de abandono, reformas parciales y cambios de uso.
Sin embargo, su extraordinario valor histórico y arquitectónico llevó a que en 2013 fuera declarada Monumento Histórico Nacional. El decreto destacó tanto su importancia para el desarrollo del turismo social como la calidad de su arquitectura, su paisajismo y su singularidad dentro del patrimonio argentino.
Mucho más que hoteles
Cuando se observa Chapadmalal únicamente como un conjunto de edificios, se pierde de vista su verdadero significado.
No fue solamente una colonia de vacaciones.
Fue la materialización de una idea política: que el descanso, el paisaje, el mar y el tiempo libre debían formar parte de los derechos de los trabajadores.
Esa convicción quedó escrita no sólo en las leyes laborales de la época, sino también en la piedra Mar del Plata de sus muros, en sus galerías abiertas al océano y en sus techos de tejas que todavía hoy dominan la costa bonaerense.
Setenta años después, Chapadmalal continúa siendo una de las obras arquitectónicas y sociales más representativas del siglo XX argentino: una ciudad construida para demostrar que, cuando el Estado decide ampliar derechos, incluso el paisaje puede convertirse en un bien común.



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